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Son realmente muchas las cosas por hacer para el verdadero bien del Clero y para la fecundidad del ministerio pastoral en las actuales circunstancias. Justamente por esto, con el firme propósito de afrontar tales desafíos y sin eludir dificultades ni fatigas, con la conciencia de que el actuar es consecuencia del ser y que el alma de cada apostolado es la intimidad divina, se inicia este movimiento espiritual. Se busca tomar cada vez más conciencia del vínculo ontológico entre Eucaristía y Sacerdocio y de la especial maternidad de María hacia todos los Sacerdotes. De aquí que se busque hacer nacer una cadena de adoración perpetua, para la reparación de las faltas y para la santificación de los clérigos, con un compromiso de los fieles para que, sobre la tipología
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Qué es la adoración eucarística para la santificación de los sacerdotes y la maternidad espiritual |










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Adoración eucarística para la santificación de los sacerdotes y maternidad espiritual |
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Es un movimiento de oración, que pone al centro la adoración eucarística continuada durante las veinticuatro horas, de modo tal, que de cada rincón de la tierra, siempre se eleve a Dios, incesantemente, una oración de adoración, agradecimiento, alabanza, petición y reparación. Su objetivo principal es suscitar un número suficiente de santas vocaciones al estado sacerdotal y, al mismo tiempo, acompañar espiritualmente -a nivel del Cuerpo Místico- con una especie de maternidad espiritual, a quienes ya han sido llamados al sacerdocio ministerial y están ontológicamente conformados al único Sumo y Eterno Sacerdote |
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de la Santísima Virgen María, Madre del Sumo y Eterno Sacerdote y Socia de su obra de Redención, quieran adoptar espiritualmente a sacerdotes para ayudarlos con la ofrenda de sí, con la oración y la penitencia.
Según el dato constante de la Tradición, el misterio y la realidad de la Iglesia no se reducen a la estructura jerárquica, a la liturgia, a los sacramentos y a los ordenamientos jurídicos. En efecto, la naturaleza íntima de la Iglesia y el origen primario de su eficacia santificadora, hay que buscarlos en la mística unión con Cristo.
Según la doctrina y la propia estructura de la constitución dogmática Lumen Gentium, |

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tal unión no puede imaginarse separada de la Madre del Verbo Encarnado y que Jesús ha querido unida íntimamente a Sí para la salvación de todo el género humano.
Pablo VI proclamó a María “Madre de la Iglesia”, es decir, madre de todos los fieles y de todos los pastores. Y el Concilio Vaticano II -refiriéndose a la Santísima Virgen- así se expresa: “…Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo en el templo al Padre, padeciendo con su Hijo mientras Él moría en la Cruz, cooperó en la obra del Salvador en forma del todo singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida caridad en la restauración de la vida sobrenatural de las almas. Por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia” (LG n. 61).
Sin añadir o quitar nada a la única mediación de Cristo, la siempre Virgen es reconocida e invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Medianera; Ella es el modelo del amor materno, que tiene que animar a quienes cooperan, a través de la misión apostólica de la Iglesia, en la regeneración de toda la humanidad (Cf. LG n. 65).
A la luz de estas enseñanzas, los fieles, dirigiendo la mirada a María -ejemplo fúlgido de cada virtud-, están llamados a imitar a la primera discípula, la Madre, a quien en Juan -a los pies de la cruz (Cf. Jn 19, 25-27)- fue confiado cada discípulo, así, convirtiéndose en sus hijos, aprenden de Ella el verdadero sentido de la vida en Cristo.
De tal modo -y justamente a partir del lugar ocupado y del rol desarrollado por la Santísima Virgen en la historia de la salvación- se entiende confiarle a María, la Madre del Sumo y Eterno Sacerdote, a todos los Sacerdotes, suscitando en la Iglesia un movimiento de oración, que ponga al centro la adoración eucarística continuada |
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durante las veinticuatro horas, de modo tal, que de cada rincón de la tierra, siempre se eleve a Dios, incesantemente, una oración de adoración, agradecimiento, alabanza, petición y reparación, con el objetivo principal de suscitar un número suficiente de santas vocaciones al estado sacerdotal y, al mismo tiempo, acompañar espiritualmente -a nivel del Cuerpo Místico- con una especie de maternidad espiritual, a quienes ya han sido llamados al sacerdocio ministerial y están ontológicamente conformados al único Sumo y Eterno Sacerdote, para que sirvan siempre mejor a Él y a los hermanos. Los sacerdotes están “en” la Iglesia y al mismo tiempo también están “al frente de” la Iglesia, teniendo las funciones de Cristo y representándolo como cabeza, pastor y esposo de la Iglesia (Cf. PdV n. 16).
Por tanto, se ruega a todas las comunidades cristianas que promuevan verdaderos cenáculos en los cuales clérigos, religiosos y laicos se dediquen, unidos entre ellos y con espíritu de verdadera comunión, a la oración bajo forma de adoración eucarística continuada, también en espíritu de genuina y real reparación y purificación.
¡Que María, Madre del Único, Eterno y Sumo Sacerdote, bendiga esta iniciativa e interceda delante de Dios, pidiendo una auténtica renovación de la vida sacerdotal partiendo del único modelo posible: Jesucristo, Buen Pastor!
(De la carta del Card. Hummes, Prefecto de la Congregación para el Clero, dada en Ciudad del Vaticano el 8 de diciembre de 2007) |
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“verdaderos cenáculos en los cuales clérigos, religiosos y laicos se dediquen, unidos entre ellos y con espíritu de verdadera comunión, a la oración bajo forma de adoración eucarística continuada, también en espíritu de genuina y real reparación y purificación” |
